blogtácora/verano

comienzo a escribir este cuaderno de bitácora, que llamaré blogtácara, en noviembre, pero la historia, como siempre, empieza unos cuantos meses antes. estos son los pre: 

mediados de agosto, 2011

vuelvo del summerlab. una semana de encuentro entre arte, política, cuerpo y tecnología. decido seguir explorando sobre las posibilidades de resignificación del lenguaje a través de la manipulación de distintas tecnologías, buscando un lenguaje inasible, inapropiado, inapropiable. necesidad de abandonar la mirada y, por tanto, la lectura, y explorar el sonido. la mirada es demasiado manipulable, está demasiado adiestrada. en el sonido veo líneas de fuga

finales de agosto, 2011

decido presentarme a la convocatoria de la Laboral para desarrollar un proyecto de audio locativo con una narrativa sonora. creo que no tengo casi ninguna posibilidad: no me considero artista, no trabajo en audio locativo, no soy programadora. pero tengo un montón de cosas por decir. busco canales. me arriesgo.

empiezo con la idea de proponer un relato en clave de novela negra, un texto detectivesco que invite al juego y me permita plantear cuestiones políticas para mí urgentes: el expolio de los recursos naturales, el poder de las multinacionales, el aplastamiento de las luchas obreras.  investigo. llego a las minas de oro. me lleno de rabia.  empiezo a buscar localizaciones en Gijón.  paso por el puerto del Musel. mucho ruido y demasiado viento para una geolocalización sonora. llego al cementerio civil de El Sucu. allí me quedo.

principios de setiembre, 2011

la historia del cementerio civil de Gijón, El Sucu, abarca desde finales del siglo XIX hasta finales del XX.  destinado en un primer momento a herejes, no bautizados, suicidas, masones y evangélicos, está lleno de símbolos detrás de los que se esconde la lucha encarnizada entre el laicismo y el clericalismo.  El Sucu nace en los pliegues del siglo,  cuando comienzan a sentarse las bases de la modernidad tal como la entendemos hoy en día:  desde las formas políticas a las maneras de amar, desde la concepción del yo hasta el rol de la tecnología en la sociedad.

El Sucu se me revela como un lugar cargado de dolor histórico: cuatro fosas comunes, un “monumento a los caídos” durante la Guerra Civil y un muro de fusilamientos; la tumba de la pionera Rosario de Acuña, feminista silenciada por los feminismos que escriben la historia; el poder de la iglesia católica cuestionado hasta por los muertos; las marcas imborrables del fascismo y la guerra… dolor y silencio, lucha y recuerdo. aquí me quedo

abandono las minas y el ciclo sangriento del oro. es terrible, pero me es casi imposible hablar de otra cosa que la que me atraviesa el pecho. quise poner un pie en otras luchas para escapar al dolor de hablar del estigma, de la presión insoportable sobre las vidas valientes de quienes no se amoldan a las normas dictadas en lustrosos despachos, de las persecuciones, del asesinato político. me quedo en El Sucu para hablar de todo esto.

mediados de setiembre – principio noviembre 2011

para mi asombro y contra todo pronóstico, seleccionan mi propuesta en la convocatoria. sigo investigando y escribiendo el relato negro histórico, intentando imaginar cómo suenan las historias con el cuerpo en movimiento por un espacio que desconozco (todavía no he puesto un pie en el cementerio civil de Gijón). leo sobre audio locativo, poesía localizada, novela negra, lesbianismo, homosexualidad, pintura en el siglo XIX, la vida cotidiana en el cambio de siglo, el vampirismo y la leyenda del sacamantecas, la vida y obra de Rosario de Acuña, la melancolía tísica de Baudelaire,  el casamiento inadecuado entre Elisa y Marcela, el proceso judicial a Oscar Wilde, la urbanización y el avance de la industrialización en el Gijón de finales del XIX, la historia de sus barrios, sus gentes, sus miedos…

me entristece reconocer muchos dolores antiguos en nuestra aparentemente lustrosa posmodernidad (“nunca fuimos modernos”, dijo Bruno Latour; y “el mundo fue inventado antiguo”, bromeó seriamente Macedonio Fernández). en momentos en que la juventud acampa en las plazas con la certeza de haber  inventado la política, creo necesario mirar de dónde venimos, quiénes estuvieron antes, qué dijeron, cómo vivieron y, cómo murieron. no hay que inventar nada, sólo recoger y adaptar, reciclar, volver a poner a conversar lo desunido, recomponer lo roto, reconocer que no somos tan importantes.

me quedo con esta frase de Rosario de Acuña:

“¡Feliz si allá en los siglos que vendrán, las mujeres, elevadas a “compañeras de los hombres racionalistas”, se acuerdan de las que, haciendo de antemano el sacrificio de sí mismas, empuñaron la bandera de su personalidad en medio de una sociedad que las considera como mercancía o botín, y defendieron con la altivez del filósofo, la abnegación del mártir, y la voluntad del héroe sus derechos de “mitad humana” dispuestas á morir antes que á renunciar á la libertad”. (cit. en Bolodo, Artículos y cuentos)

This entry was written by helenatorres and published on November 18, 2011 at 6:25 pm. It’s filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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