Corazón roto

Nota: en esta página se devela un secreto que pretende resolver el enigma de la muerte de Edgardo del Pozo a partir de una confesión. Desconocemos el grado de veracidad de la siguiente declaración, hecha por Gemma Oldman a su amiga Hortensia. Sólo podemos afirmar que las confesiones son poderosas tecnologías del ser y, por tanto, herramientas para la construcción ética de las personas.

[soundcloud url=”http://api.soundcloud.com/tracks/33480466″]

[noise: elpueblodechina.org. Localización: exterior cementerio puerta 3. Voz: Aananda Noguera]

Edgardo del Pozo murió voluntariamente. Lo cual no significa que él disparara el proyectil definitivo. Lo hice yo, Gemma Oldman, hija de María Claramont, fruto de la violación del duque de Oldman durante una visita a la casa donde mi madre trabajaba como criada. Yo apreté el gatillo. Por compasión. Por amor. Por la convicción de que es tan absurdo incitar al suicido como negarlo.

Antonin Artaud, el poeta, escribió una carta al doctor que firmó en Francia la ley contra la venta libre del opio. En ella, iracundo, decía: “Nadie tiene derecho a decidir la cantidad de sufrimiento que un individuo puede llegar a soportar”. De haber conocido a Artaud, esta hubiera sido quizás las frase con la que Edgardo del Pozo se hubiera despedido del mundo. Pero eligió a Oscar Wilde*, conmocionado por el trato que le dio una sociedad que transformó a los hedonistas en enfermos mentales.

Edgardo, mi amante, mi amigo, combatía la vulgaridad, en todas sus formas, y estaba enfermo, es verdad, pero sólo de amor. Amaba la muerte, a qué negarlo, amaba la pintura, la naturaleza, el placer, el mundo, la bondad, la belleza. Amaba al conde de Goncourt; me amaba a mí. Pero llegó un día en que se rindió al miedo de que su sufrimiento se transformara en una vulgaridad, en un atentado contra la belleza.

Oí un disparo. Corrí hacia el salón y allí estaba, de pie, con el arma en la mano, la mirada perdida. Me abalancé sobre él, le cogí el brazo, forcejeamos. El segundo disparo le dio en el hombro. Me ocupé de que el tercero le entrara en el corazón. “Corazón roto”, le llamaba, “corazón roto, ven aquí”.

Gemma Oldman

* “No crime is vulgar, but all vulgarity is crime. Vulgarity is the conduct of others”. Oscar Wilde (Ningún crimen es vulgar, pero toda vulgaridad es un crimen. Vulgaridad es la conducta de los demás)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *